martes, marzo 03, 2009

Ambrosia




Como el manjar de los dioses
es la única forma de definir
el sentimiento que viví estando a tu lado
descubriendo emociones que penetraban por cada poro de mi ser,
como un proceso de ósmosis que nunca terminaba
y me dejaba exhausto
y a mi espíritu en regocijo.
De repente un día cualquier
me encuentro despidiéndome de ti,
renunciando a las gotas de tu sabor
que saciaban la necesidad de sentirme querido
y quemaban todo lo que encontraban a su paso
rumbo a mi corazón
donde se fundían,
asegurándose que recordará siempre tu olor.
Y lo lograste, aquí estoy
con las palabras a flor de piel,
recordando, sintiendo y confirmando
que eres una ambrosía.

Lulozano
novel autor

miércoles, febrero 11, 2009

Rayuela - Capítulo 7




Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.


Julio Cortázar

Instrucciones para llorar





Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza.
El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.



Julio Cortázar

Otra Historia, más no una más...




HISTORIA INCREIBLE:

LA ESCRIBIO UN SOLDADO INGLES Y SE LA ENVIO A SU MUJER EN UNA BOTELLA

Una carta de amor que el mar guardó 85 años
La botella fue tirada al mar en 1914. Hace poco la halló un pescador y se la llevó a la hija de la destinataria. El mensaje estaba intacto.

SIBILA CAMP

Con un retraso de 85 años llegó a destino la carta de amor que un soldado británico de la Primera Guerra Mundial había arrojado al mar dentro de una botella. Pero no la recibió su esposa sino su hija, de 87 años, gracias a un pescador que encontró la botella en el río Támesis y viajó hasta Nueva Zelanda para entregársela personalmente. Thomas Hughes tenía 26 años cuando partió hacia el frente. En la puerta de su casa de Stockton-on-Tees abrazó largamente a su esposa, Elizabeth. Se agachó, alzó a su hija Emily, de dos años, y la llenó de besos. Había sido alistado en la Segunda Compañía de Infantería Durham Light, dependiente de las Fuerzas Expedicionarias del Tercer Cuerpo de la Armada Británica. En el barco que trasladaba la tropa hacia las costas de Francia, el soldado Hughes escribió un mensaje a su esposa. Una cartita breve, sencilla, ingenua. Plegó el papel, lo guardó en un sobre, lo metió en una botella de ginebra de cerámica y la arrojó al mar. Aquel abrazo y aquel beso fueron los últimos: el soldado murió 12 días después en una trinchera del campo de batalla francés, en su única acción de guerra. Es todo por ahora. Querida esposa -escribió Hughes a Elizabeth-, te escribo esta nota desde el barco y voy a arrojarla al mar sólo para ver si te llega. Si esto ocurre, firma este sobre abajo, en el ángulo izquierdo, donde dice recibido. Escribe la fecha y la hora de recepción, y tu nombre donde dice firma, y cuida bien este mensaje. Eso es todo por ahora.

La hora santa



Fotografía: Angela Demi

Esta es la hora santa.
La de la posibilidad, la creación.
Aquí y ahora, las emociones se visten, se disfrazan para luego desnudarse descaradamente y verterse en las puntas de los dedos haciendo caminos.
En esta hora me des-aprendo y tomo el mando de la letra reincidente, oblicua, incisiva.
No es hora de volcanes en erupción y, sin embargo, en esta alfombra extendida hasta que amanezca, suelto pensamientos, como semillas, y salen tan nítidos que todos podrían comprenderlo.
Al primer claro de luz, recojo la alfombra. La llevo en un bolso de lona todo el día a cuestas.
Uno nunca sabe en qué momento vendrá la musa desfachatada que espanta moscas en mi pecho.

Acuarela Martínez

miércoles, enero 21, 2009

Mordaza

Los vi llegar decididos. El escritor y el que lee,una monja vestida de invierno, el santurrón, la promiscua, el que seduce, la seducida.
Avanzaron un paso y, en la misma acera estaban de cara al sol
la secretaria y el jefe, el del aseo, el cartero, el chofer y su pasajero, el obrero que sonríe.
Laterales, a viva voz, tampoco se escondían la cocinera y la mucama, el cajero con su ironía, las putas, las tías melindrosas y dignas.
Un silente sordomudo abanicó sus carteles, se hizo notar tanto como el policía, el mensajero y el guía, el motociclista, audaz y comprometido, la asistente, el ingeniero, un contable sin contaduría.
Tras aquellos árboles deambularon cerca el cineasta, el vendedor y toda una cuadrilla.
No escapó a la multitud el cerrajero, el plomero y un mecánico sin ayudante, el limpiador de los vidrios, la arquitecta y a su lado, el monaguillo.
Con movimientos y acordes les seguía el músico, el trompetista y la bailarina.
El regente, las conserjes, el vigilante, padres, hermanos, hijos y tías.
Asistió hasta la propia característica, sin distinciones ni rangos, donde las sombras se unieron en una sola caricia, a ese paso en el que, al tropezar se puede hasta recibir una sonrisa y cualquier diferencia se torna en unión repleta de adrenalina.
El silencio es una de las peores dagas, tal como la mordaza obligada, reprimida, el miedo.
El aprendizaje cumplió su tiempo de espera, nos graduamos de ingenuos.
La graduación está próxima.
Ya NO más.

jueves, enero 08, 2009

Un violinista en el metro


Tomado de El Club de la Efectividad. The Washington Post.

Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó atocar el violín, en una fría mañana de enero. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, secalcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos.
Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música.
Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha.
Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.
Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza paramirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.
En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos.
Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.
Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos aapreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?
Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo ?

viernes, diciembre 12, 2008

¿Cuánto pesa un copo de nieve?

Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? -preguntó un gorrión a una paloma.

Nada de nada, le contestó.

Entonces, si es así debo contarte una historia, dijo el gorrión:

Estaba yo posado en la rama de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era una fuerte nevada ni una ventisca furibunda. Nada de eso.

Nevaba como si fuera un sueño, sin nada de violencia. Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Al caer el siguiente copo de nieve sobre la rama que, como tú dices, pesaba nada de nada, la rama se quebró.

Dicho esto, el gorrión se alejó volando.

Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le contara y al final se dijo:

Tal vez esté faltando la voz de una sola persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo




(Kurt Kauter)

jueves, diciembre 11, 2008

Casa de cuervos




CASA DE CUERVOS ( From Letrasescondidas.net )


porque te alimenté con esta realidadmal cocida

por tantas y tan pobres flores del mal

por este absurdo vuelo a ras de pantano

ego te absolvo de mí

laberinto hijo mío
no es tuya la culpa

ni mía

pobre pequeño mío

del que hice este impecable retrato

forzando la oscuridad del día

párpados de miel

y la mejilla constelada

cerrada a cualquier roce

y la hermosísima distancia

de tu cuerpo

tu náusea es mía

la heredaste como heredan los peces

la asfixia y el color de tus ojos

es también el color de mi ceguera

bajo el que sombras tejen sombras

y tentaciones

y es mía también la huella de tu talón estrecho de arcángel

apenas pasado en la entreabierta ventana

y nuestra para siempre la música extranjera

de los cielos batientes ahora leoncillo

encarnación de mi amor

juegas con mis huesos

y te ocultas entre tu belleza

ciego sordo irredento casi saciado

y libre con tu sangre que ya no deja lugar

para nada ni nadie
aquí me tienes como siempre

dispuesta a la sorpresa de tus pasos

a todas las primaveras que inventas

y destruyes

a tenderme -nada infinita-sobre el mundo

hierba ceniza peste fuego

a lo que quieras por una mirada tuya

que ilumine mis restos

porque así es este amor que nada comprende

y nada puede

bebes el filtro y te duermes en ese abismo

lleno de ti

música que no ves

colores dichos largamente explicados al silencio

mezclados como se mezclan los sueños

hasta ese torpe gris

que es despertar en la gran palma de dios

calva vacía sin extremos

y allí te encuentras

sola y perdida en tu alma

sin más obstáculo que tu cuerpo

sin más puerta que tu cuerpo

así este amor uno solo

y el mismo con tantos nombres

que a ninguno responde

y tú mirándome

como si no me conocieras

marchándote como se va la luz del mundo

sin promesas

y otra vez este prado

este prado de negro fuego abandonado

otra vez esta casa vacía

que es mi cuerpo

a donde no has de volver



Blanca Varela


(Poeta peruana nacida en Lima en 1926.Muy joven ingresó a la Universidad de San Marcos para estudiar Letras y Educación trabando amistad con importantes intelectuales de la época. En 1949 se radicó en Paris donde conoció a Octavio Paz quien fue determinante en su carrera literaria, conectándola además al círculo de intelectuales latinoamericanos y españoles radicados en Francia.Posteriormente vivió en Florencia y Washington donde se dedicó a hacer traducciones y eventuales trabajos periodísticos.En 1959 publicó su primer libro, «Ese puerto existe», en 1963 «Luz de día» y en 1971 «Valses y otras confesiones». Más tarde, en 1978, realizó la primera recopilación fundamental de su escritura en «Canto villano». Finalmente apareció su antología de 1949 a 1998 con el título «Como Dios en la nada».Obtuvo el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en el año 2001.Actualmente reside en Lima.)

jueves, diciembre 04, 2008

Las Siete Virtudes Capitales










He de alcanzar
Señor mío
prometo
la abnegación total
la obediencia irrestricta
la perfecta docilidad
la mortificación a toda costa
la castidad incorrupta
la soledad contenta
la paciencia con los locos
la pobreza entre los pobres
la perpetua clausura
el mayor desposeimiento
el olvido de la carne
y sobre todo
y para siempre
acallar
las injustificadas palabras

y así

el perfecto silencio.

Márgara Russotto

INSTRUCCIONES PARA SUBIR UNA ESCALERA




Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Julio Cortázar

miércoles, agosto 06, 2008

El amenazado (Jorge Luis Borges)



Es el amor, tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única ¿de qué me servirán mis talismanes; el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó al áspero norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?.
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que me miran por las ventanas, pero la sombra no me ha traido la paz.
Es, ya lo sé, el amor; la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con su mitología, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos se cercan, las hordas (esta habitación es irreal; ella no la ha visto). El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.

sábado, julio 26, 2008

Para agradecer


El tiempo perfecto de llegar demasiado temprano a cualquier sitio, lo que me permite el libre pensamiento, la inspiración, el acto de escribir, drenar.
El olor a madrugadas repletas de lloviznas dulces, ausentes de calor y sudores pegajosos.
El contacto de las plantas de mis pies consentidos con una arena salvaje que se vuelve mullida, cuando el agua la va habitando.
El aroma del primer café, la caricia que desciende en mi laringe en el sorbo caliente y resbaloso que despierta mis días.
El estallido de un mito, mi astucia incesante en deshacerlo.
Reconocer al demente, lo cual me convierte en cuerda y coherente.
El temblor de un beso que inunda mi contorno y me emborracha de sensaciones.
Las cosas simples, mis momentos de silencio, lograr el olvido y mirarlo de lejos, indiferente, inclemente mientras absorbo la paz.
El minuto siguiente a las musas, papel y lápiz, mi mano derecha hábil y dispuesta a plasmar la grafía que fluye, el texto.
La búsqueda constante, descreer que todo está dicho, hurgar en el mundo la nueva palabra, el sentimiento inédito, la excelencia de provocar sorpresa en el humano desubicado.
El color de la cereza, la textura del pétalo de un tulipán, el picor del vino blanco sobre mi lengua, deshacer un trozo de salmón entre mis dientes, el tiempo de tertulia, el trazo de mi pluma dibujando espirales, mientras hablo por teléfono, los sueños que apunto en un cuaderno y luego olvido releerlos.
Caminar errante, sin destino, en una tarde de mayo y recordar dolores del alma y remedios del corazón, escuchando canciones-puñales.
Desechar lo acumulado en un desván repleto de recuerdos, decantar la importancia de los objetos, conservar lo indispensable que agrade a la memoria, expulsar lo que punza y acidifica el pasado.
El balanceo de una hamaca colorida que me hace creer que vuelo bajo y seguro sobre la vida.
La huella de mis dedos escribiendo tonterías sobre cristales ahumados por la lluvia.
Una mecedora de madera sólida que arrulla pensamientos al compás de una suave melodía que me hace dormitar.
Los umbrales de las puertas que me permiten entrar y salir de circunstancias especiales.
La capacidad de observar el drama desde fuera sin involucrar mi criterio.
Construir mi legado, mi tránsito, mi pisada, el rasgado de mis uñas, la cicatriz invisible que deje la fogata de mis letras.

Ratos de "sorbos"



Con frecuencia bebo las frases e otros, de libros de autores no tan famosos ni reconocidos, pensamientos y prosas de escritores de vocación, como yo. Los imprimo en borrador y me los llevo a casa. Cargo conmigo un baúl minúsculo de música. En él se encuentran diversos géneros rítmicos para cada estado de ánimo.

Me abstraigo en los audífonos, a un volumen lo suficientemente alto y soportable para evitar contacto exterior.
Eso me permite reducir al mínimo la realidad que me circunda y sumergirme en las letras que bailan silenciosas frente a mi, esperando que las ordene.
La bolsa que llevo permanece siempre arrugada, siempre. A veces me avergüenza sacarla en público cuando me ubico en alguna cafetería en mis ratos de “sorbos”.
Los papeles que allí guardo no parecen terminarse jamás.
Mil temas distintos, párrafos que por alguna razón, al leerlos, me parecieron atractivos e importantes de digerir, como para leer después.
Así son los ratos íntimos, esos que nadie comprende.
A menudo me preguntan… “¿Estás bien?”, como si, al evadir la multitud, retirarse con uno mismo, zambullirme en los libros, fuese una señal inequívoca del demente que quiere anularse del diario vivir.
Justo así son mis ratos de “sorbos”.


Foto: Leyla Moncada - Niño interior

el bolsillo izquierdo de su jean

Cachorro es un niño generoso. Si mirada es astuta, viva, locuaz, aunque su verbo no lo parezca. Algunas veces me sorprende contándome historias ajenas, no siendo hábito hacerlo. Otras calla, es impenetrable y hasta llega a herir la aparente indiferencia que muestra hacia su entorno.

En estas paredes que alimentaron sus días, hay cuentos sobre él, pasos impresos en las aristas, sus primeros tropiezos en los rodapiés del pasillo, huellas de tiempo que dejaron sonidos de cajitas de música sin abrir (para no molestar a los vecinos), besos maternos que apretaban mejillas intencionalmente para ser recordados.
No pareciera que el cachorro tuviera un sueño específico por cumplir, sin embargo, yo se que en el fondo de sus pestañas de escoba, muy profundo, hay un pozo lleno de expectativas de vida que adorna cada noche y que no desea que descubran, para, así esperar el momento oportuno que germine su ilusión de cristalizarlos y mostrarle al mundo exterior, la capacidad de lucha, el ahínco, la altura de la excelencia y el amor que lleva en el bolsillo izquierdo de su jean.

martes, julio 22, 2008

La rebelión



A propósito de las masas, del pensamiento colectivo... me permito publicar un texto ajeno de un gran amigo: José López.


Fueron unos pocos zapatos los que tuvieron la reunión secreta de cuyo resultado surgió la idea de un paro poblacional. En signo de rebeldía se quitaron los cordones (los que lo usaban) y se declararon abstemios de tinturas y pomadas de lustre y por amplio concenso decidieron no prestar servicio durante una semana. Estantes y vidrieras de cuanta zapatería existía en el pueblo quedaron sin el producto de su razón comercial y debieron cerrar sin comprender lo que pasaba. No hubo pintadas previas que llamaron a protestar ni proclamas por los medios de difusión, solamente el boca en boca de calzado a calzado por las calles donde nadie descubrió sus gestos cómplices. Las suelas que esperaban turno en los talleres para ser convertidas en prisiones andantes volaron como alfombras mágicas hasta la concentración popular organizada en una plaza cualquiera. Calzados de todo tipo y color desaparecieron, incluso los que vivían sin laburar y felices debajo de las camas y esto pasó con cada uno de los habitantes del pueblo. Mi pensamiento vagaba en el absurdo y afuera explotaba esta avanzada pergeñada por los más sufridos y pisoteados del mundo entero. Según se supo, todo comenzó con la finalidad de ser acompañados por otros sectores de objetos oprimidos, sugerencia que no fue mayoritariamente acatada. Los hechos se suscitaron de sorpresa para que la rebelión produjera un efecto contundente. El piano de mi amigo Jorge bajó su tapa por sus propios medios y quedó herméticamente cerrado al tragarse la llave. Los marfiles del teclado tuvieron descanso pero a su vez se preguntaban si no sufrirían de pánico o de una pronta nostalgia tanguera. La actitud de los zapatos fue imitada por unos pocos útiles que los humanos usufructuamos sin pensar, o que lo damos por hecho y nos apoderamos de ellos como si fuéramos sus dueños naturales. No obstante la convocatoria fue diversa y mostró el descontento de las cosas sujetas a nuestro dominio. El pueblo quedó paralizado por la huelga de los tamangos y el crédito de su éxito se extendió como cheque en blanco para mocasines, botines, suecos, alpargatas, botas de caucho y sandalias. Modelo por modelo el mensaje llegó a todos los calzados de la comunidad que de golpe y porrazo quedó virtualmente en patas y sin algunos privilegios comunes hasta allí. Muchos no quisieron salir a la calle con sus pies descuidados que daban vergüenza. Otros se sintieron liberados de la opresión que les anudaba la garganta naciendo desde abajo. Se vieron pies grandes, pequeños, medianos, limpios y sucios, agradables, poco agraciados y muy hermosos. No faltó nada en la viña y la exposición humana duró una semana. Fue el tiempo suficiente para que todos experimentáramos la parcial desnudez como una purificación de los sentidos. Las terminales plantares despertaron reflejos desde sus puntos nerviosos y corrigieron dolencias ocultas porque se les dio la gana regresando la felicidad, sin premeditarlo, a muchos rostros con cara de tuge. Fueron masa por siete días talones suaves y ásperos con estrías, dedos deformados y aquellos que emergían como orgullosas esculturas griegas. Arcos aplastados, tobillos finos y gruesos, empeines velludos, pies acostumbrados al olor del encierro y al polvo pédico, los que recibían mimos cotidianos, las uñas pulcras y las recortadas cada muerte de obispo, los callos y los pies conchetos acariciados periódicamente por un pedicuro voyeur. Pese a tanto camino andado los zapatos no supieron expresar con claridad sus necesidades que terminada la protesta no fueron correspondidas. En el momento culminante de la pueblada hubo corridas y pocos pudieron escapar a los gases y a los rígidos bastones. Solo las zapatillas deportivas zafaron de la represión de los uniformados, disminuidos estos sin el sonido de marcha intimidatorio, ¡plac, plac, plac! característico de sus borceguíes contra el suelo, que también salieron de los cuarteles para solidarizarse con la propia especie. Finalizado el alboroto, extenuados y sin victoria, los insurrectos regresaron a sus tareas de ser esclavos de la gente. pero estos no olvidaron los días descalzos y en la semana siguiente, pese a todo, fueron considerados como tales y gozaron de mejores atenciones. Pero, como siempre, la normalidad de las preocupaciones comunes y ordinarias del pueblo nublaron los serios incidentes. Cada cuál atendió su juego y la gente continuó con sus berrinches y placeres mientras que los calzados a regañadientes, siguieron siendo solamente zapatos. (JLR)

http://www.tantorra.blogspot.com/
Publicado por josé en 6:33 17 comentarios Etiquetas: cartas con humor domingo 22 de junio de 2008

miércoles, julio 02, 2008

Como el arca de Noé


Primero: No pierdas el barco.

Segundo: Recuerda todos estamos en el mismo barco.

Tercero: Anticípate, No llovía cuando Noé comenzó a construir el arca.

Cuarto: Mantente en forma, cuando tengas 60 años alguien puede pedirte que hagas algo grande.

Quinto: No oigas las criticas, solo dedícate al trabajo que se tiene que realizar.

Sexto: Construye tu futuro en tierras altas.

Séptimo: Por seguridad, viaja en pareja.

Octavo: La velocidad no es siempre una ventaja, los caracoles estaban a bordo junto con los cheetas.

Noveno: Cuando estés estresado, flota un momento.

Décimo: Recuerda que el arca fue construida por amateurs, el Titanic por profesionales.

Onceavo: No importa la tormenta, siempre hay un Arco Iris esperando....

Vida




Ya perdoné errores casi imperdonables. Trate de sustituir personas insustituibles, de olvidar personas inolvidables.

Ya hice cosas por impulso. Ya me decepcioné con algunas personas , mas también yo decepcioné a alguienYa abracé para proteger . Ya me reí cuando no podía. Ya hice amigos eternos.

Ya amé y fui amado pero también fui rechazado. Ya fui amado y no supe amar.Ya grité y salté de felicidad. Ya viví de amor e hice juramentos eternos, pero también los he roto y muchos.Ya lloré escuchando música y viendo fotos . Ya llamé sólo para escuchar una voz .Ya me enamoré por una sonrisa. Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y...

Tuve miedo de perder a alguien especial (y termine perdiéndolo) ¡¡ pero sobreviví !!Y todavía vivo !! No paso por la vida.Y tú tampoco deberías sólo pasar ... VIVE!!!Bueno es ir a la lucha con determinación abrazar la vida y vivir con pasión. Perder con clase y vencer con osadía, por que el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho más para ser insignificante.


(desconozco el autor)

miércoles, mayo 14, 2008

Lo máximo murmura - Ida Gramcko


Si he sido fiel al colmo compartido de lo divino,

si desamparada el amparo esencial he mantenido

esta máxima y diáfana morada;

si en el dolor, de su inmutable nido_colmena

de una miel honda y doradadon de brilla,

lejana del sentido,luz de esencial y única alborada

no dudé y su fervor he sostenido pese a estar triste,

pese a estar turbadapor el miedo a la duda,

y si he sentidolo total, padeciendo más callada,

si me alcé sobre el grito y su estallido

como entera confianza delicada,

si no he visto y en lo único he creído

y soy la fe más bienaventurada,

¿puedo esperar lo que yo anhelo?

Pido sabiendo que mi voz será escuchada,

como se escucha un manantial sin ruido.

En esta unión altísima y sagrada

se oye la claridad y no el sonido,

se escucha el resplandor de la cascada

El síndrome de Wendy




¿Quién es Wendy?


Wendy es aquella mujer u hombre que se encuentra detrás de un Peter Pan. Y es que, como relata el psicólogo clínico Ángel Marín Tejero, "tras un Peter Pan siempre tiene que haber una persona, hombre o mujer, dependiendo del caso, que se encargue de hacer todo aquello que no hace él.


Peter Pan no existe si no hay una Wendy que le aguante". Pese a ello, el psicólogo Marín Tejero asegura que no se puede hablar del Síndrome de Wendy como una patología. "Hay trastornos de la personalidad que se podrían asemejar a este síndrome, pero como tal no es una patología clínica, lo que no quiere decir que con el tiempo no acabe produciendo desajustes y sufrimiento, tanto en la persona que lo sufre como en quienes le rodean".


El síndrome de Wendy esta basado en la necesidad absoluta de satisfacer al otro, principalmente la pareja o los hijos. Es más común en mujeres que en hombres.Se denomina miedo al rechazo, al abandono, a no sentirse querida, al deseo de complacer a los demás y sobre todo una gran necesidad de aceptación y aprobación.


Suele estar directamente relacionado con el Síndrome de Peter Pan. Es más, no puede existir ningún Peter Pan que no tenga detrás una Wendy para que haga todo lo que él no hace y se responsabilice de todo lo que él evita.

Los síntomas más comunes son los siguientes:

Sentirse imprescindible Entender que el amor es sacrificio y resignación

Evitar a toda costa que alguien se enfade

Intentar continuamente hacer feliz a los demás

Insistir en hacer las cosas por la otra persona Pedir perdón por todo aquello que no ha hecho o que no ha sabido hacer

Necesidad de cuidar al prójimo

Convertirse en un progenitor o progenitora en la pareja


El Síndrome de Wendy se puede definir como el conjunto de conductas que realiza una persona por miedo al rechazo, por necesidad de sentirse aceptado y respaldado, y por temor a que nadie le quiera. En definitiva, por una necesidad imperiosa de seguridad. "Cuando el sujeto actúa como padre o madre en su pareja o con la gente más próxima, liberándoles de responsabilidades, podemos hablar de Wendy", explica la psicóloga Pilar Arocas, quien añade que "estas conductas pueden darse tanto dentro del núcleo familiar, en los roles de padre-madre sobreprotectores, como en las relaciones interpersonales, con aquellas personas muy cercanas".


La madre que despierta todos los días a su hijo para que no llegue tarde a clase, aquella que le hace los deberes, le resume las lecciones o subraya los apuntes, la esposa que asume todas las responsabilidades domésticas… es una Wendy en el núcleo familiar.


Lo mismo ocurre en la relación de pareja si es ella o él quien toma todas las decisiones y asume las responsabilidades, actúa como madre o padre y como esposa-esposo o justifica la informalidad de su pareja ante los demás.


Fuentes:Wikipedia

María Rodríguez